Sí, una entrada más sobre Harry Potter. Creedme si os digo que me replanteé si subirla finalmente o no –la Blogosfera ya está suficientemente saturada con HP estos días– pero… caray, si no la subo hoy ya no la publicaré nunca, así que ahí va.
There won't be a child in our world who doesn't know his name.
Hoy os explicaré una historia, la historia de una joven pelirroja hace ya más de 10 años. Por aquel entonces había un libro que poco a poco iba ganando más y más popularidad: la historia de un joven

mago y una cicatriz. A pesar de su fama, la joven, a la que podríamos nombrar… Anna
(*EJEM* por decir algo~), no se acababa de animar a adentrarse en sus páginas. Pobre
muggle.
Fue un febrero, para el cumpleaños de su primo, que la madre de Anna compró
Harry Potter y la piedra filosofal como regalo. Fue un día de febrero, fue por curiosidad, que Anna encontró el ejemplar que iban a regalar y lo abrió. Y empezó a leer. Ese ejemplar aún hoy está en mi estantería
(tuve suerte, mi primo ya lo tenía y le regalamos el siguiente). Fui devorando esos libros. En el patio del colegio éramos unos cuantos los que renunciamos a jugar a la pelota y corretear por allí para sentarnos en un rincón y leer la historia de ese mago. Fue todo un
fenómeno. Y me alegro de formar parte de él, y que él forme parte de mí. De hecho, quizás hoy no estaría escribiendo en este blog si por aquel entonces no hubiera decidido indagar en las páginas de ese joven mago. Quizás.
Después llegaron las películas que, como ya era de esperar, no llegaron al nivel de los libros, pero… ¿y qué? Nos han regalado
un casting que ha traspasado las fronteras de la pantalla: Daniel Radcliffe es y siempre será Harry Potter, así como me es imposible imaginar a Ron y Rupert Grint por separado… o un Severus Snape que no sea Alan Rickman.
Hoy,
15 de julio del 2011, todo acaba. Más de una década de magia, de clases en Hogwarts, de partidos de Quidditch, de tardes en la biblioteca junto a Hermione, de escarceos por la noche junto a Harry, veranos en la Madriguera junto a Ron y el resto de los Weasley
(¡estoy segurísima de que soy una pariente lejana!), de risas y bromas junto a los gemelos, de clases de Pociones con Snape, paseos por Hogsmeade, vuelos en escoba, de compras por el Callejón Diagon,
fantasías sexuales duelos mágicos con Malfoy… en definitiva, más de una década de magia y amistad.
No me considero una friki de Harry Potter, pero he crecido a su lado y forma parte de mí. Es por eso que ahora me cuesta soltarle la mano definitivamente. No lo negaré, me entristece sobremanera saber que es el final, pero sé que si alguna vez me siento nostálgica solo tengo que abrir los libros y adentrarme en sus páginas. Gracias, señorita Jotaká Rowling, por una juventud llena de magia y hechizos.
No story lives unless someone wants to listen. […] The stories we love best do live in us forever. So whether you come back by page or by the big screen, Hogwarts will always be there to welcome you home.